Marruecos no quiere que su crecimiento futbolístico sea interpretado como una casualidad. Detrás de los éxitos recientes de sus selecciones, de la aparición de talento y de su ambición como país organizador, hay una estructura pensada al detalle. El mejor ejemplo está en Rabat, donde la academia de fútbol se ha convertido en una auténtica ciudad deportiva de 35 hectáreas.